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Amanecía el día gris, porque barruntaba agua, pero nada ni nadie iba a frenar ni a Alejandro, ni a Alba, porque tenían la mejor receta contra la lluvia, una sonrisa de oreja a oreja.

El verde, fue el color de la boda, estuvo presente en los ojos de Alba, en su fantástica corona de Lamágora, en la corbata de Alejandro, y en la Esperanza que ambos desprendían. En los pies, se calzó unos Lodi que, con sus tacones, realzaban su figura con la que lucir a la perfección un precioso vestido, que el diseñador Eloy Enamorado, dibujó y realizó a medida para Alba y que, como no podía ser de otra forma, le sentaba como un guante. El toque floral, lo puso su amigo Leandro González con la decoración de la iglesia, y el fantástico ramo que brotaba de las manos de Alba.

Alejandro, llegó a la parroquia en torero, con su fantástico traje de Álvaro Moreno, y allí se emocionó mucho al ver aparecer a Alba radiante entre la muchedumbre. Lo que caían por sus mejillas no eran gotas de lluvia precisamente…

Tras darse el “sí, quiero” nos desplazamos a una casa campera de unos amigos de los novios, donde les realizamos algunos retratos. Después, y antes de salir a nado, llegamos a la Hacienda Domitila a celebrarlo con toda la familia y amigos. Por mucho agua que cayera del cielo, solo fue para bendecir vuestro matrimonio. La mayor fortuna que tuvisteis es compartir con todos esas sonrisas que alegran el día a cualquiera. Esperamos que os guste, y que disfrutéis nuestra primera “boda a 3”.


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