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Quizá sea este el post que más me cueste escribir, pero a la vez es el más especial, porque las fotografías contarán lo que eres para mí, eso que no puedo expresar con palabras. Quiero que sirva de regalo, por eso me he dado un sprint-respiro de trabajo esta semana.

Hoy, cumples 26 años. Mañana, será tu marinero santo. Pero ayer, fue nuestro mágico numero, XIV, nuestra manera única de ordenar la vida, de contar como nos la bebemos en pequeños sorbos. Y es que ya hace 8 magníficos meses que nuestra vida giró para dejarnos aún más juntos.

Tras pasar por momentos perfectos y no tan buenos al cabo de tres años, la ciudad de Granada –y esa maravilla del mundo no reconocida que es la Alhambra– fue testigo de como atrevía a dar el paso y pedirte que te casaras conmigo, creo que me dijiste que sí.

Pasó un año y pudimos celebrar con nuestras familias y amigos ese día tan especial de nuestros caminos, ese día en el que las sendas de nuestras vidas se unían con un destino común: la felicidad. Y después de la fiesta, y tras un agotador año de buenísimo trabajo, llegó el relax, nuestra luna de miel, en una ruta por las más bonitas ciudades de la bella Italia. Después de pasar tanta sana envidia, el día de nuestra boda, no podía dejar pasar la oportunidad de fotografiarte y entregarte este regalo, que ya es para siempre, y no había mejor lugar para ser fotógrafo de bodas que Venezia.

Gracias Carmen por tenerlo todo conmigo, por compartir todo conmigo. Espero que lo disfrutes tanto como yo he disfrutado preparándolo.

“Oh donna mia veneziana, maschera bianca di mio cuore, di mia urbe e mia razza…”

“Donna, donna, la felicità chiama a la porta di tua a casa…”

Vestido, tiara y cinturón: Panambi

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