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Nuria, era una compañera mía del colegio. La conozco de casi toda la vida. El destino, caprichoso, impidió que, por disponibilidad de fechas, le pueda realizar la boda que está preparando con mucho mimo. Ella quería, a toda costa, que fuera su fotógrafo en el que será el día más feliz e intenso de tu vida. No pudiendo estar con ella en ese día, estuve en la preboda que hoy os presento, y en la postboda que haremos más adelante.

Entre Andrés y Nuria hay esa química especial, que ahora está de moda llamar “puro love”. Las sonrisas y las miradas salían solas. Safira, su perrita, ponía la nota juguetona para que se desmadraran un poco; y si no llega a ser por Álvaro, el hermano de Nuria, estoy seguro que hubiéramos acabado todos en el agua. Aquí os dejo esta preboda en la que la naturalidad y la calma fueron fieles compañeras en este paseo que dimos por los alrededores de Ciudad Real.


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